El Arbitraje como método para la solución de controversias

 En Comunicado

Estimados clientes y Amigos:

 

Como alternativa distinta al litigio, como método para la solución de controversias, se encuentra el arbitraje.

El arbitraje es un procedimiento por el cual se somete una controversia, por acuerdo de las partes, a un árbitro o a un panel de varios árbitros que emiten una decisión a través de un laudo resolviendo la controversia,  que es obligatoria para las partes. Al escoger el arbitraje, las partes optan por un procedimiento privado de solución de controversias en lugar de acudir ante los tribunales.

El Arbitraje como solución a problemáticas propias del litigio 

Existen argumentos en favor y en contra del arbitraje. Entre los primeros pueden señalarse un menor tiempo de duración, según el caso, ya que el laudo es definitivo, no existiendo recurso que agotar; así como menor carga de trabajo del árbitro y una mayor especialización en ciertos asuntos; menor formalismo en las actuaciones (aunque esto puede ser positivo y negativo).

Como aspectos no tan favorables, puede destacarse que en el desahogo de pruebas, no existe la confesión absolviendo posiciones, y que los testigos no declaran bajo protesta de decir verdad, ni los peritos al contestar interrogatorios de las partes.

No todos los asuntos son recomendables para arbitraje, sobre todo si se tiene desconfianza que una de las partes no quiera acatar el laudo, pero desde luego puede ser una forma de resolver controversias con menos formalismos. Es recomendable, cuando las partes en un contrato o relación comercial o de negocios, deciden someterse al arbitraje, el someterse a reglas o instituciones reconocidas, o bien acordar las  que regularan  el  compromiso arbitral, pues las partes son libres de acordarlo así, asesorándose por un abogado. La decisión del arbitraje, va de la mano con la asesoría jurídica preventiva.

Otra característica del arbitraje que tiene un impacto en la rapidez y por lo tanto podría ser valiosa para las partes, es la continuidad en la función. A diferencia de los tribunales nacionales, los tribunales arbitrales son designados para tratar con un caso específico de principio a fin. Ciertos beneficios se generan en consecuencia: el tribunal llega a conocer a las partes y a sus defensores. Pero más importante, conforme el caso se desenvuelve por medio de los documentos provistos por las partes, las audiencias, el desahogo de la evidencia, etc., el tribunal tiene la oportunidad de hacer un análisis exhaustivo del caso, así como para entenderlo en su totalidad. Como resultado, el tribunal arbitral termina por estar propiamente calificado para emitir un laudo sensible el cual es adecuado para la controversia en cuestión. Esto acelera el proceso y la resolución de la controversia.

Las partes pueden nombrar árbitros que estén calificados para la disputa en cuestión, y si un tribunal arbitral tiene la experiencia suficiente, deberá ser capaz de comprender las cuestiones decisivas de hecho y de derecho en la controversia y adaptar el procedimiento para asegurar que dichas cuestiones sean propiamente abordadas. Esto les ahorra a las partes tiempo y dinero.

Confidencialidad

La confidencialidad puede ser una herramienta muy deseable para las partes en cualquier controversia. En un litigio, a diferencia de un arbitraje, toda la información relacionada con el mismo es guardada en un expediente público.  Por ejemplo, las partes en una controversia mercantil tal vez quisieran proteger cierta información que haya surgido en el transcurso del procedimiento tal como secretos industriales, prácticas competitivas o cualquier detalle delicado que pueda ser sujeto de publicidad adversa.

Flexibilidad

Para la conducción de la resolución de controversias, las reglas preconcebidas generalmente son inadecuadas cuando se trata de atender demandas específicas de una controversia compleja, especialmente si el sistema judicial le da tanta importancia a los requisitos formales como lo hace la ley procedimental mexicana. Un procedimiento arbitral puede ser adaptado para atender los requisitos específicos de una controversia en la medida de lo necesario para las partes. Las partes pueden seleccionar el reglamento bajo el cual el procedimiento se sustanciará, determinar qué ley será aplicable a las cuestiones sustantivas de la controversia, los árbitros que se nombrarán, entre otras cosas.

Considerando que una persona de negocios prefiere llegar a un acuerdo en lugar de exponerse a la incertidumbre que supone un juicio, una ventaja significativa de este método de solución de controversias es que a los árbitros se les considera más predecibles y menos tendientes a los extremos.

En cuanto a la neutralidad, en el arbitraje, las partes tienen la libertad para elegir un foro imparcial con un árbitro o árbitros neutrales. Esta característica tiene un valor agregado muy particular en el contexto de las controversias contra empresas del estado en donde el litigio en tribunales nacionales es particularmente poco atractivo.

 

 

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